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¡He vuelto!

Publicado en Personales, Prosa el 6 Abril 2009 por Calíope

resurgir-del-fenix

No son nadie, no existen, los destierro. Espíritus decadentes, dejan en este instante de tener importancia, no seguiré escuchando vuestra pérfida palabra haciendo eco en mi mente.

No tienen poder, no controlan quien soy o lo que haré, no permitiré que me hagan más daño con su ponzoña criaturas rastreras.

¿Y qué si no soy de su agrado?, ¿y qué?, su voz es ínfima ante millones que se alzan aclamando mi arte. Estoy asqueada de ustedes, de su miserable existir empeñados en devastar los caminos de otros.

No escucharé vuestro lamento distorsionado embistiendo mi ser, los execro de mi mundo desde ya, vuelvan a su infierno y calcínense en su azufre, yo me alzo indómita en mis cenizas. Yo nací de un mundo desolado, he sobrevivido a desastres antes que ustedes llegaran, ¿creyeron vencer y agotarme? Ningún mortal ni ente perverso puede apagar mi flama perpetua.

Soy un oasis, un refugio y un edén, y ustedes miserables criaturas, demonios de ultratumba putrefacta y mezquina.

La vida es un ciclo que se repite, donde cada quien soporta el karma de repetidos fracasos, yo saldré indemne, renacida tras cada batalla, y el suyo será una expiración lenta y dolorosa, un repetir de cara al mundo lo felices que son, cuando por dentro os carcome la tragedia y el incierto.

La destreza no tiene edad, condición o pauta alguna, es un reflejo prístino del alma, la mía está intacta y se alza victoriosa, ¿y ustedes tienen algo que lucir de orgullo?. A los viles el tiempo deja en el olvido aunque griten y se desgarren la voz, los justos llenamos el vacío con susurros y nos hacemos inmortales que dejan huellan.

Soy hija del fuego, el fénix siempre renovado, he vuelto a la vida consumida en mi propio ardor, y ya no tienen el poder para vencerme.

¡He vuelto!

Deserción

Publicado en Personales, Prosa el 7 Febrero 2009 por Calíope

Estoy ausente.

Ida.

Apartada.

Retirada de todo, veo como transcurren los días, desde afuera, sin ser protagonista, tan solo espectador.

Y no importa.

Simplemente estoy…vacía.

Trato de escribir, quisiera hacerlo, pero las palabras se esfuman, desvanecen, las ideas se hacen inabordables y ante el papel me siento muda.

Estoy fuera de mí, y dudo que algún día regrese, al menos aquella que una vez fui…un alter ego.

Ahora solo queda un cascarón ocioso, la fuente que estuvo llena, hoy cultiva telarañas de recuerdos.

No hay vuelta atrás, la trovadora murió.

Crónicas de calle

Publicado en Prosa con etiquetas el 12 Diciembre 2008 por Calíope

Trabajar tiene sus ventajas, sobre todo cuando eres “de la calle”. Cuando se es parte de ese porcentaje alto de gente que se ve caminando, en busetas, que se levantan más temprano que cualquiera. Estar de este lado, implica que se ve mucho más de lo que hay a simple vista, oyes cosas que normalmente no oyes, cuando eres el que está detrás de un mostrador, como cliente.

Hay oficios de oficios, y no todos están dispuestos a desempeñarlos, o se creen capaces de eso. Algunos incluso, se acostumbran a ellos, porque como se escucha decir: “Pana, tengo dos chamitos en casa, y el marido no me da rial, algo tengo qué hacer pa llevar comida a mi casa”. Y no eres quién para juzgar, y menos lanzar discursos morales, no todo el que hace lo que hace, lo hace por gusto, hay quienes no tienen otra salida.

Estás al tanto de realidades que puedes palpar, de las cuales conoces pero pocas veces te percatas, porque vives en una cómoda burbuja. Ser de la calle implica humanizarse mucho más y a veces, darle gracias a Dios por no estar en determinada situación.

El mejor lugar para ver y observar es la calle. Es allí donde reparas en el ciudadano de a pie, ese que mira un escaparate con avidez, más si son teléfonos celulares de última generación, casi siempre es a los jóvenes a quienes ves haciendo cuentas mentales, una quincena, a veces dos…tal vez tres meses y me llevo el celular, el engranaje del cerebro es perfecto, lo oyes trabajar a marcha forzada.

Una buseta, un carrito por puesto, una perrera, encierran a veces los sueños y anhelos de muchos. La cita es un semáforo en rojo, a la izquierda una Trial Blazer azul oscuro, a la derecha, una Tahoe de este año. La señora del puesto de adelante, mira sus dos mil bolívares y la camioneta, apreta con fuerza el billete y una resolución se lee en su rostro, ¿y por qué no?. Ves al viejito, el Don, que sostiene en sus manos un “perolito” de almuerzo, quizás preparado por él, ó, por las manos de una amorosa esposa. A los chamos del “liceo” contando los empates y desempates, o las historias de “somos tú y yo”, con ese acento inconfundible de serie de televisión y sifrino caraqueño: ¡O sea amigui!. Escuchas, sientes y te haces parte de la realidad que te rodea, todo aderezado con el vallenato, la salsa o el reggaeton del chofer.

Los centros comerciales no cobran vida cuando llegan los compradores, ¡no!, empieza mucho antes, con el trajinar a las siete de la mujer que barre las culpas, limpia los sueños y abrillanta las esperanzas. O el pana que limpia los vidrios hasta dejarlos como espejos, que otro ensuciará cuando apoye la mano, aún cuando el cartel anuncia en mayúscula: “no se apoye en el vidrio”.

Hay quien dice que trabajar en tiendas es de esclavos, y puede que tengan razón. El que trabaja en tienda, no es sólo quien te atiende y trata que consigas lo que buscas lo más rápido posible. El que trabaja en una tienda, el que vende, ese que ves a la puerta y va detrás de ti como mayordomo preguntando: ¿en qué puedo ayudarlo?, es el que cuenta y espera ambiciosamente una comisión, para comprar la muñeca, el carrito, el juego aquél que tanto anhela el hijo que espera por el niño Dios. Es la madre, la hija, la hermana que quiere hacer un detalle a su familia, llevando un regalo, y la mayoría de las veces la cena del 24 a la mesa.

Es aquél que arregla la percha que tú mismo has desordenado, “viendo nada más”, la misma percha que hace cinco minutos acababa de arreglar de nuevo. Como ejercicio, imagina que alguien entra a tu cuarto y desordena tu clóset, ¿cómo te sentirías?. Es el mismo principio.

Mientras tú compras, muchas veces sin mirar el precio, ese que te atiende sueña que se hagan las ocho, para cerrar, organizar, acomodar e irse a casa a poner los pies en alto, tal vez salir a tomarse algo, tempranero, que mañana hay que trabajar.

Hablar desde el otro lado es fácil, sumamente fácil. “Esa gente está así porque quiere. El que es pobre, es porque quiere, trabajo sobra”. “En vez de comprarse dos celulares, ¿por qué no compra comida?”, “Anda pa un rancho vale, antenas parabólicas, televisor plasma, lavadora, nevera…¡tienen más que uno!”. Son muchos y variados los comentarios, siempre juzgando, siempre criticando, ver los toros desde la barrera es muy seguro, difícil es sortearlos. El que lo tiene todo, o al menos, de forma más sencilla, casi siempre hace un comentario certero, donde se es juez y verdugo al mismo tiempo. Pocas veces se piensa, internaliza en realidad, que ese que tú llamas pueblo, quiere lo mismo que tú, y hasta a veces con mucha más fuerza. Nada es blanco o negro, y tampoco el mundo son las cuatro paredes que te rodean.

La condición de humano es inherente, pero “ser humano” es algo con lo que no se nace, la “conciencia social” no viene en libros, se despierta y nace en cada quien.

En la vía lo ves todo, desde el indigente, hasta el que anda en zapatos Gucci. En la calle se suman, se restan, multiplican y dividen los sueños y alegrías de la mayoría. En la travesía conoces, adquieres conciencia y aprendes el valor de las cosas. En el camino ves a la gente de verdad, verdad, a la mayoría, esa que trabaja mientras aún tú descansas.

La próxima vez que salgas a la calle, está atento, mira por dónde caminas, cobra conciencia, humanízate, ese que te atiende en cualquier sitio, vive distinto a ti, pero tiene los mismos derechos…y los mismos sueños que tú.

¡Maldito sea tu nombre!

Publicado en Prosa el 10 Diciembre 2008 por Calíope

Cortesana ingrata, ¿qué haces visitándome a diario?. Siempre llegas sin anunciar ni presentarte, tu visita es inconveniente y me hastía.

¿Qué has dicho?, ¿que no te has marchado? , entonces me has engañado todos estos años, haciendo las veces que ya no estabas en mí.

Detesto tu estampa, te has instalado en mi cama como auspicio de muerte. Tu hálito marchito le hace burlas a mis lágrimas deseosas, ¡sal de mi vida!. Ve y aflige a otro, estoy cansada de llevarte a cuestas, y llorarle al incierto que acepte un amor maldito.

Odio esa costumbre absurda que tienes de mostrarme siempre aquello que no puedo tener, ¿de qué me sirve mirar el futuro si es de otros?, ¿qué me pueden importar las nupcias, los hijos o la muerte de otras almas cuando la mía está crucificada en los albores del tiempo?.

¡Deja de mentirme!, yo merezco más que tus migajas o la decepción de una pasión pagada con promesas incumplidas.

No presiones la herida en el costado desangrando mi espíritu, puedo matarte cuando quiera, sólo falta buscar una piel receptiva a la mía, ¡maldita sea tu nombre, mujer nefasta!, olvida mi rostro y mi nombre, no ensombrezcas mi vida con tu tiniebla marchita.

¡Maligna soledad!…¡Vete!…y déjame ser feliz.

Reminiscencias de mi ayer: El amor en un soundtrack. (I parte)

Publicado en Prosa el 30 Noviembre 2008 por Calíope

La primera vez que me fijé en un chico, tenía como diez años (sí, lo sé, precoz la muchacha).


Riqui era una pretensión de chico malo, yo lo veía como un James Dean, un Nacho Gamboa. Un año mayor que yo. Nieto de unos amigos de mis padres, aún recuerdo cuando nos conocimos. Era un domingo. Día de club, de almorzar fuera de casa, había partido de fútbol en la tele de tamaño familiar.


En la mesa, eran cuatro adultos, y cuatro chiquillos.


En seguida nos corrieron. Los niños a jugar, que los grandes hablamos.


Nos fuimos al parque.


Era lindo el chaval. Con una sonrisa juguetona, burlesca, una cicatriz corría por su mejilla, producto de la heroicidad de salvar a su hermana pequeña. Creo que eso sello mi fin. Fue amor a primera vista, supongo. Lo que si sé, es que el estómago me daba saltos y piruetas cual artista de circo. Estudiaba en el mismo colegio que yo. En “los tubos” me pidió que fuese su novia. Ni que decir, me bajé corriendo y escape a toda velocidad (se me viene a la mente la peli novia fugitiva).


¡Qué iba yo a saber!. Era una niña. En el recreo le huía, y sus cartas terminaban sin abrir en la papelera. Eso sí, de soñar, jojojo, soñaba todas las noches, aunque me aterrorizaba y paralizaba si lo veía en persona.


El tiempo pasó, y él se cansó de perseguirme por los pasillos.


Años después lo vi, aún hoy esa cicatriz sigue erizándome la piel. Creo que aquí, es cuando empezaba a perfilarse mi fetiche por las cicatrices.


Los años pasaron y yo me dedique a cultivar mi mente (con cuanto libraco encontraba en la biblioteca familiar), mientras mis primos jugaban a las escondidas, yo me deleitaba con Julio Verne, el diario de Ana Frank, las aventuras de Pollyanna. Ya desde temprana edad los libros fueron el reemplazo a muchas cosas.

Cuando me percaté (de nuevo) del sexo opuesto, tendría unos quince. De repente, en mi visión Isaías se atravesó. Estábamos en una fiestecita. Ni que decir, me voló los sesos. Me enamoró con la canción de los pericos “Waiting” la tarareaba cada ves que nos veíamos. Gracias a él, descubrí el sabor de una piel morena y recibí mi primer beso en la biblioteca de la casa, con las luces apagadas. Me enseño que los besos son calmados, ardorosos y terriblemente eróticos, no lo voy a negar encendió una llama en mi alma.


Pero no todo lo bueno dura, y un buen día desapareció, y ya no supe más de él.


Luego de eso, la soledad volvió a hacerse presente en mi vida. Más, un día, sin precio aviso, cupido decidió que ya era bastante y nuevamente me embrujo.


Era un poco mayor ya, cuando David llegó a mi vida. Ese cabello largo, sus pícaros ojos, y esas mejillas naturalmente rosadas, fueron mi perdición.


Era un chico malo, totalmente malo, popular, que fumaba, bebía y salía con los amigos. De carácter inconformista, y totalmente irreverente y rebelde. Lo conocía media ciudad, y ¿por qué no?. Era uno de los chicos más apuestos y solicitados en esa época, y yo tenía la suerte de poder verlo a diario. Claro, vivíamos puerta con puerta jajajaja.


Despertó una chispa en mi carne, unos calores nada inocentes. Por él, aprendí que una esquina es un lugar apropiado para mezclar las pieles y las bocas. Por él fui acosadora, y me convertí en escritora con cada carta y poema que le escribía. Creo que habré gastado toda mi mesada en él, comprando regalos, dejándole misivas y cronopios (¿alguien se acuerda ya de ellos por Dios?) En el buzón de su casa. Vivía encerrada en mi cuarto atisbándolo por la ventana. Hice de mis vecinas cómplices para poder verlo cuando no me dejaban salir. Aprendí el arte de brincar cercas, y escaparme a media noche. En una de esas madrugadas se llevo mi virginidad, y el resto de mi cordura. Descubrí que las mesas de pool, no sirven solo para jugar pool.

Me enseño a “bailar pegados”, y después de cinco años de excusas, amores furtivos, obsesivos y locos, se marchó fuera del país, y sólo me dejo el recuerdo de sus canciones “¿Cómo te va mi amor?” y “It must have been love”.

Yo sí, ¿y tú?

Publicado en Prosa el 23 Noviembre 2008 por Calíope

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A las 5:45 empezamos a movilizarnos en casa, ya para las 6:30 nos encontrábamos en los respectivos centros de votación. Debo decir que no había mucha cola o gente, lo atribuyo a la hora, son pocos los que madrugan un domingo.

Sin embargo, mientras las horas avanzan los centros de votación van sumando gente. Fue sencillo, de lo rápido no puedo hablar, avanzan lentas esas colas para votar, pero al menos puedo confirmar que en mi sitio de sufragio todo marchaba con calma y tranquilidad, y mi boleta reflejó mi elección.

Ya ejercí mi DERECHO, y cumplí con mi DEBER como ciudadana de este país, y tú, ¿qué esperas?

¡REPÓRTATE!

Decir te amo

Publicado en Prosa el 10 Noviembre 2008 por Calíope

pasion1¿Cómo expresar lo que llevo por dentro?

¿Cómo hacerte entender la magnitud de lo que siento, la fortaleza y profundidad de mis emociones?.

¿Cómo?, si las palabras dejan de tener significado.

Si se las puede borrar o incluso llevar el viento en una fuerte sacudida.

Sólo puedo dejarme llevar por las imágenes y así, tal vez, llegues a comprender lo que representa cada vez que te diga “te amo”.

Decir te amo, se me hace costumbre ya, aceptarlo me hizo más fuerte pero también vulnerable, es una contradicción constante, sentirme libre y aferrada.

Es algo más que una palabra, es un rugido y un silencio que ensordece, una lágrima escurridiza, un asalto a mano armada a mis emociones, un hechizo y pura magia.

No tiene tiempo para conjugarse, no hay prescripción, no hay término, no tiene apertura y probablemente no tenga finito. Sencillamente nació en su momento, creció, afianzo y ahora se yergue en mi alma, como dueño y señor de sus dominios.

Son las ganas de verterme, devoción que no se engaña, una verdad disfrazada de mil mentiras, unas ganas de correr cuando permaneces anclada en el ardor, es dar un salto al vacío, sin tener miedo, una libertad con arraigo.

Es un ímpetu que destruye y erige memorias, traspasa el tiempo y va más allá de las distancias, existe por mandato divino, y se entrega a si mismo, por voluntad y derecho de existencia.

Es la carne al rojo vivo, una pasión que hierve la sangre, el brío de darse sin medidas, exigencias ni reclamos, se hace osadía y serenidad, cuando es tu voz la que incita y adormece los instintos.

Amarte es aceptar lo que fuiste, lo que eres y lo que serás, es ver en ti la inocencia del niño, la picardía del joven, la fortaleza del hombre y la sabiduría del anciano.

Decir te amo es luz que no se extingue, oscuridad que cobija, es el deleite, y el goce efervescente de la vida que florece, de lo nuevo y lo viejo refugiados en un solo sentimiento.

Más allá de una época, lo que se instaura y lo que se pervierte, sin motivos, sin razones, ni por qué, simplemente hoy, mañana y siempre…

TE AMO

No me siento prisionera

Publicado en Prosa el 10 Noviembre 2008 por Calíope

El tiempo desliza su tic-tac con agonizante lentitud. Las horas recorren la esfera del reloj, y mi mirada desespera por verlas correr tan lento.

Cierro los ojos y el resto de los sentidos, me refugio en mis recuerdos, en mis baúles llenos de ti.

De tus detalles, tus gestos, tus preguntas, tus por qué, de todo lo que me conquista y me hechiza.

Mi sonrisa se hace amplia, y el mundo mientras tanto gira, y sigue girando.

Y yo, con calma, me encuentro prisionera de lo que siento, sin llegar a serlo.

En tu cárcel, no me siento prisionera porque siempre me acompañas.

Estoy contigo.

No le temo a nada, sólo espero, impaciente sí, pero esperanzada, a que el reloj termine de conjurar las horas y de nuevo te vuelva a escuchar.

Tu amor se ha hecho cárcel, donde los reos gozan de placeres y tiempos compartidos.

Tu amor se ha hecho cárcel donde no me siento prisionera, donde las reminiscencias son mi refugio.