Archivo para la Epistolario categoría

A mi apócrifo amor

Publicado en Epistolario el 10 Abril 2008 por Calíope

Sea esta noche testigo de mis últimas palabras, y confesión. Quedarán registradas en las arenas del tiempo y de este espacio que solemos llamar virtual.

Recurro a la sabiduría de las letras para trasmitir mi mensaje con la esperanza que algún día sean tus ojos, y nos los ajenos, quienes tengan ascendencia sobre ellas. Hoy me siento aquí, para tratar de expiar mis culpas y quizás así, hacerte entender por qué fuiste tú, entre tantos, a quien escogió mi corazón.

De entre todos los mortales, entre amigos y conocidos, tú sembraste una inquietud, no sé, qué o cuál momento fue el exacto que transformo una pícara amistad, es un sentimiento más profundo, y más peligroso. Mi memoria no es tan buena como solía ser, y los tantos grandiosos detalles se me escurren como agua entre las manos. Tal vez hayan sido esas fantásticas charlas musicales, o quizás, las disertaciones filosóficas que nos hacían estar al teléfono por horas, tratando de componer este caótico mundo. Probablemente podamos atribuirlos a esos momentos en los que nos confesamos, que nos entendimos como humanos imperfectos, y vertimos, el uno en el otro, las esperanzas de llenar los vacíos creados en el cotidiano.

Puedo asegurarte sin embargo, que no me llevo a ti la soledad, o la desesperación, no puedo decir eso, mi vida tenía una rutina justa y maravillosamente equilibrada, a través de la cual fluían pacíficamente mis días. El amor, ese escurridizo sentimiento, no me era familiar, no lo anhelaba ni esperaba, y por tal motivo no tenía mayor trascendencia en mí. Podríamos culpar al destino o una fuerza mayor que nos condujo a encontrarnos en esa esquina de la virtualidad, no lo sé, y no me atrevo a hacer cábalas con ello, de todas formas no vale la pena culpar a nada o nadie, por los simples avatares del destino.

La realidad es que conjugamos tantas similitudes que era imposible no turbarse o al menos alegrarse por tanto en común, era demasiado perfecto para hacerle caso omiso, sería absurdo negar, a estas alturas, que nuestras analogías nos acercaron, y que los temores, errores e impaciencias nos alejaron y malograron, si es que en algún momento tuvimos una oportunidad. ¡Y ni hablar de la maldita distancia!, esos grados de separación, terminaron por aburrirnos, causaron cansancio a las ilusiones, y mataron de un infarto a la confianza.

Hoy sólo puedo guardar recuerdos, atesorarlos como gratos momentos. Esas horas pasadas contigo, en las que me revelé y di rienda suelta a mis emociones, fueron la confirmación de algo que en mí, ya se hacía imposible esconder, la profundidad de lo que yo por ti sentía. ¿Cómo hacer ignorar la felicidad que me embargó, cuando saciaste la curiosidad y el hambre que tenía de tus labios?, o aquél en el que me aferre a tus brazos para que no se esfumara el calor, justo antes de que el navío me retornara al puerto, momento que sellé con mi lágrimas y el “te amo” que surgió atrevido desde mis entrañas y salió sin permiso de mi boca. Me queda tan sólo llevarte como fortuita circunstancia y evocación de los pocos instantes de felicidad que tenemos en la vida.

No negaré que a diario esas reminiscencias me agobian, y me hacen preguntarme qué hubiese pasado de haber hecho las cosas distintas, si quizás estábamos destinados a estar juntos, o si sólo fuiste un simple vislumbre de lo que en el futuro sentiré, junto a alguien que me corresponda en plenitud.

Sí, suelo entristecerme, no te mentiré, ¿quién no lo haría?, me mueve una certeza de que lo nuestro tenía un cariz de aventura interminable de sorpresas, un intercambio gozoso de conocimientos, y la consumación de pasiones y ganas de verter en la piel las soledades y anhelos. Sin embargo, volver sobre lo andado es tarea de necios, lo que no ha sido, difícilmente podrá ser alguna vez, es algo que ambos comprendimos en su momento. Por eso ahora me motivo a plasmar por última vez mis impresiones, para cerrar y hacer cuenta nueva de esta historia, te llevaré siempre como amorosa reminiscencia, tal cual un recuerdo de la niñez.

Me dedicaré a cultivarme de ahora en adelante, a convertirme en lo que siempre he querido ser, gozaré con la certeza de saberte parte de mí. Si alguna vez la vida vuelve a juntarnos, mi cariño estará intacto, y será mi abrazo fiel reflejo de la alegría que me embargará por tener de nuevo el placer de coincidir contigo.

Por último, quiero elevar mi deseo que ambos seamos triunfadores, y que el amor ya no se haga una escurridizo espejismo, sino una tangible realidad, nos merecemos ser inmensamente felices, que así sea entonces.

Cuídate poeta de ilusiones, transformador de verdades e ideas, que Dios bendiga tu camino de éxitos y júbilos infinitos.

Epístola sin dueño I

Publicado en Epistolario el 7 Enero 2008 por Calíope

Amor mío:

¿Sabes que pienso en ti a cada instante del día?, ¿qué te sueño en mi cama?.

Cada uno de esos pensamientos me conduce a tener fantasías e imágenes que me transportan a la felicidad que será estar en tus brazos. No eres un estorbo en mis pensamientos, o le robas tiempo a mis obligaciones, es que las haces más fáciles, más llevaderas.

Te siento tan cercano, tan de mí, como la caricia de la brisa en mi rostro. Tu voz es un relajante a mi efervescencia. Eres un mago. Te anhelo desde la primera vez que supe de ti y te deseo hasta en lo más íntimo. Despiertas un instinto en mi poderoso, ganas de cuerpo y alma que nunca había sentido por nadie.

Cómo te dije ayer no me hace falta que me abraces para entrar en calor, no me hace falta escucharte la voz para que me calmes, no me hace falta sentir tu tacto para estremecerme, no me hace falta que estés dentro de mi para entrar en éxtasis, yo soy así, me enamoré de tu mente, tu espíritu, tu ser, antes que de tu cuerpo

Estando contigo, cuando llegue ese momento, quisiera mirarte dormido, para no perder detalle de ti,  y ver como la ternura se apodera de tu rostro al abandonarte al sueño. Quisiera delinear con mis dedos el contorno de tu rostro, dibujando tus cejas, tu nariz, la curva de tu boca y depositar en tus labios, el más tierno beso que jamás hayas recibido.

Cuando amanezca y despiertes primero, acúname en tus brazos, transmíteme el calor de tu cuerpo, dame un beso en los labios y despiértame con tus caricias. Para que cuando mis ojos se abran, me sienta  mimada por ti.  Y si soy yo quien despierta primero, le haré un tributo a tu cuerpo y tu piel, porque siendo tu amante, no tendré jamás reparo en decir que soy tu esclava también.

En tus brazos el tiempo no tendrá cabida, te haré el regalo de mi pasión y sentimientos más profundos, esos que ha nadie nunca he dado.

Sé, con absoluta certeza, que esto entre nosotros no es algo común, algo normal. Al contrario, es excepcional. Tú, me haces sentir excepcional.

Eres perfecto en tu sabiduría y acertado en tus palabras. Aprendo de ti tanto, te admiro enormemente por todo lo que eres y has logrado con tu esfuerzo.

Lo mejor de todo es lo que has logrado en mí, todo eso que yo creía no tener, estaba ahí. Tú, lo único que has hecho, es escarbar un poquito y señalármelas, ¿ves qué maravilloso eres?

Eres el jardinero de mis pasiones y sentimientos. Con tu amor has desenterrado lo sepultado, le pusiste un poquito de abono y listo, he vuelto a florecer en mi esplendor.

 Eso es exactamente lo que has hecho conmigo.

No quisiera que cuestiones lo que te escribo, sólo acepta el hecho de que hay un corazón, un poco lejos, es verdad, que late desenfrenado por ti, enamorado hasta el tuétano de los huesos, que vibra sabiéndote allí.

Quiero que sepas que eres lo que he deseado toda mi vida, y aún más  y no quiero con ello, que te sientas presionado, abrumado, o incluso preocupado, no es necesario, ni obligado que me quieras, o me ames, no soy egoísta, si sólo soy un ave de paso, seré feliz con devolverte la alegría que perdiste, con abrir tus ojos y veas el regalo que eres para muchos, me sentiré honrada de saber que compartí contigo, un espacio y un tiempo, aún cuando ello signifique, que algún día no estaremos juntos.

Te deseo, te quiero y anhelo más allá de las palabras. Estar contigo será una aventura inmensa y maravillosa, un aprendizaje continuo, absoluto. He esperado toda mi vida por alguien como tú.

Desde lo más recóndito de mi corazón te escribo estás líneas, déjame entrar a tu vida, déjame enseñarte los caminos del amor. Te enseñaré la felicidad de saberse amado, en las distancias y el tiempo. Prometo estar ahí siempre, ayudándote, acompañándote, cuidándote. Consagrare mi vida a ti, y serán mis pensamiento, recuerdos y emociones sólo para ti.

 Desde siempre y por siempre tuya