Nosce Te Ipsum: Conócete a ti mismo

…………………………………Porque el conocimiento es poder*.

El conocer y saber, la noción y sapiencia.

El conocimiento implica comprensión y lucidez del pensamiento al abarcar lo desconocido y darle significado, más aún sentido. Las preguntas hallan respuestas genuinas y donde había tinieblas se establece la luz.

Poseer conocimiento de la información es sin duda una ventaja. El economista que maneja las variantes del mercado y establece estadísticas de precios que suben y bajan, bien puede convertirse en un midas moderno, levantando emporios donde solo quedaban cenizas. El educador “illuminati” lleno de datos, hechos, cifras, pedagogía y andragogía al servicio de los lienzos que significan los aprendices puede hacerlo un constructor de mentes prodigiosas, de un sembrador de semillas ideológicas que se transformen en propuestas frescas a los tiempos modernos.

Sin embargo, ¿qué hay de la comprensión interna?, ¿lo que fuimos, somos o seremos?. El discernimiento de sí mismo implica una tarea ardua, más no imposible. Se trata de una confrontación hacia dentro, con el yo oculto que hace a cada ser humano único. Un análisis de lo propio que nos coteja, pone en juego a nuestra racionalidad con el “ser divino”, ese espacio que nos confiere la cualidad que nos separa de cualquier especie animal: “alma”. No sólo porque conocernos implica enfrentarnos a nuestras pasiones y miedos, sino a una comprensión de lo grandioso y a la vez ínfimo que puede resultar nuestro paso por el mundo. El ser humano en posesión de su auto conocimiento está en capacidad de alternar con otros, comprenderles y a su vez, descifrar la realidad que le circunda.

Blaise Pascal dice acertadamente: “¡Qué quimera el hombre! ¡Qué novedad, que monstruo, qué caos, qué contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas y gusano infecto, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y error, gloria y desecho del universo”. Es así pues que el hombre es en sí mismo una obra de arte con imperfecciones perfectas. Una paradoja que resulta muchas veces increíblemente inexplicable, y en otras una desilusión para muchos.

La Biblia cita en Génesis 1:26-27 que “…En el último día de la creación, Dios dijo, Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”entendiéndose entonces que somos una extensión de un ser superior, quizás porque nos fue otorgado un hálito de racionalidad y ¿buen juicio?, y lo pongo de esa forma porque en algunas ocasiones parece que aquello que nos coloca en la cúspide de la cadena alimenticia, también nos sitúa en el escalafajón más bajo.

Entendemos claro el buen juicio, como la capacidad de obrar acertadamente, estableciendo la diferencia entre lo “correcto” y lo “incorrecto”, y es acá donde se enreda el papagayo por así decirlo, puesto que así como es de complejo el ser humano en toda su extensión, lo es establecer parámetros acerca de lo que es bueno o malo.

Evolucionado el hombre a lo que hoy conocemos, un ser racional de buen juicio (al menos en la teoría) quedan pendientes cuestiones acerca de cómo es entendida la ética, la moral, los valores, y todo aquello que una vez establecidos en sociedad civilizada nos puso un punto más arriba que los perros y las ranas. Olvidamos por ejemplo, que el libre albedrío, sí, eso que nos permite actuar a nuestra entera libertad, puede convertirse en una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. Si bien es cierto que establecimos medidas para determinar lo que conviene y lo que no, para, asegurarnos una convivencia medianamente pacifica, es innegable el hecho que seguimos siendo tan retrógrados como al principio de los tiempos.

Desprovistos de una comprensión hacia nosotros mismos, ignorantes ante nuestra propia realidad como individuos, ¿cómo podemos siquiera pensar en la comprensión, el conocimiento y hasta la compasión a otros?. Somos esclavos de nuestro analfabetismo, mismo que está lleno de petulancia al creernos avanzados y evolucionados, sólo porque hemos pasado la frontera que suponía el infinito cielo, ¿qué hay entonces del horizonte del yo humano?, ¿del entendimiento del por qué actuamos como lo hacemos?.

Puedo citar innumerables ejemplos de la mezquindad del hombre: guerras, desproporción de las riquezas, el deterioro de nuestro planeta, la erradicación de especies animales y plantas. La avaricia y la petulancia nos hacen presa fácil de nuestras más bajas e instintivas pasiones. El ser humano es el único animal que se ataca a sí mismo y a sus semejantes con conocimiento de causa. Es increíble observar que mientras crecemos en conocimiento tecnológico, más achicamos nuestra humanidad.

Sin embargo, no todo está perdido, puesto que existen momentos de lucidez dentro de la raza humana. Momentos en los que el conocer afuera experimenta una comunión con el conocer interno, y nos acercamos a un plano más alto.

Es mi opinión creer que al ser humano aún le falta recorrer mucho camino dentro de la evolución, esperemos que en esa transición de cambio no destruyamos lo que nos queda de hogar (planeta Tierra) así como de sensibilidad humana.

*Francis Bacon


Autor: Calíope A.k.a Talía Boccardo.

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