¡Maldito sea tu nombre!

Cortesana ingrata, ¿qué haces visitándome a diario?. Siempre llegas sin anunciar ni presentarte, tu visita es inconveniente y me hastía.

¿Qué has dicho?, ¿que no te has marchado? , entonces me has engañado todos estos años, haciendo las veces que ya no estabas en mí.

Detesto tu estampa, te has instalado en mi cama como auspicio de muerte. Tu hálito marchito le hace burlas a mis lágrimas deseosas, ¡sal de mi vida!. Ve y aflige a otro, estoy cansada de llevarte a cuestas, y llorarle al incierto que acepte un amor maldito.

Odio esa costumbre absurda que tienes de mostrarme siempre aquello que no puedo tener, ¿de qué me sirve mirar el futuro si es de otros?, ¿qué me pueden importar las nupcias, los hijos o la muerte de otras almas cuando la mía está crucificada en los albores del tiempo?.

¡Deja de mentirme!, yo merezco más que tus migajas o la decepción de una pasión pagada con promesas incumplidas.

No presiones la herida en el costado desangrando mi espíritu, puedo matarte cuando quiera, sólo falta buscar una piel receptiva a la mía, ¡maldita sea tu nombre, mujer nefasta!, olvida mi rostro y mi nombre, no ensombrezcas mi vida con tu tiniebla marchita.

¡Maligna soledad!…¡Vete!…y déjame ser feliz.

Una respuesta para “¡Maldito sea tu nombre!”

  1. Qué texto tan intenso!! me gusta tu forma de utilizar las palabras.
    La soledad, esa que viene cuando menos la necesitas para quedarse y amargarte la existencia.
    Besos

Escribe un comentario