El estereotipo como amenaza al crecimiento de la calidad humana en la sociedad actual.
Es difícil crecer, por no decir, vivir, batallando para defender tu originalidad, sin que te encasillen o te instalen en determinado grupo.
Es típico que por tus gustos en vestir, comida, música, lectura y demás, los individuos hagan juicios de valor, sin apenas intercambiar cinco palabras contigo. Total, es más fácil encasillar, que tomarse la molestia de indagar y darse cuenta que lo que creemos verdadero, muchas veces no es la realidad.
Por supuesto, yo no me salvo de “estereotipar” puesto que incontables veces, en vez de hacer lo correcto, me formo una perfil sólo con algunos datos, sin observar el conjunto. Para ello realizo un examen a conciencia de mis actitudes y procederes hacia otros, tratando de llevar a la práctica el refrán popular que reza: “Un libro no se juzga por su cubierta”.
Los estereotipos existen sólo para hacernos más intolerantes, tendemos a crear imágenes, e ideas preconcebidas. Lo que por supuesto nos lleva a un nivel alto de sectarismo, racismo y clasismo sino también a todo aquello que vemos como “diferente”.
La humanidad establece pautas de conducta, eso es innegable. Desde que el hombre abandono la vida nómada, para establecerse formalmente en grupos civilizados, la sociedad ha ido implantando cánones o códigos que permiten la convivencia organizada del hombre en comunidad.
El error viene, cuando esas leyes, lejos de permitir el buen vivir o convivir, coartan la libertad innata del hombre de ser y hacer, según la voluntad o libre albedrío, esto por supuesto, siempre y cuando esta autonomía no genere daños ni perjuicios a otros.
Damos por hecho, que el hombre por fuerza, debe comportarse de tal o cual manera, y en el caso de no acatarse dicho comportamiento que se cree “normal” se convertirá en un paria o rechazado dentro de la sociedad.
Los estereotipos son la evidencia que existe de esta intransigencia. Condenamos a aquellos por sus ideas, pensamientos y formas de conducta, porque creemos que la nuestra es “correcta” y la suya no. No respetamos el derecho de cada quien a escoger, sin presiones ni coacciones, el modo en que desea llevar las riendas de su existencia.
Hay casos graves de esta intolerancia por todo el mundo. Uno de ellos, como ejemplo, es el que se refiere al color de la piel, o étnico, que no sólo se ve en países desarrollados, sino incluso en Latinoamérica.
La pobreza es un estereotipo fuertemente arraigado en la conciencia grupal. Si eres una persona de bajos recursos, probablemente eres un drogadicto o un maleante. Como si el tener o no tener posesiones te hace más o mejor persona. Por ello, cuando observo una conducta de este estilo, suelo recurrir una vez más a la sabiduría popular: “Dime de que presumes y te diré de que careces”. El status social, el tener o no, o incluso el estar o no a la moda, no determina quién eres en realidad, sólo tus actos y decisiones hablarán por ti, el modo cómo desees emplear tu vida, y el camino que elijas vivir.
Venezuela no se escapa de estar en estos grupos. Aún cuando nuestro país es una rica mezcla de razas, credos y etnias, no es raro encontrar prejuicios.
Por supuesto, no todos los estereotipos se refieren a razas o credos. Existen ideas pre-concebidas y absurdas que limitan notablemente el crecimiento espiritual y el progreso de una sociedad.
Era normal, por ejemplo, que en la época de los nuestros bisabuelos o abuelos, una mujer u hombre soltero era visto como un ser “extraño” puesto que con el retraso de aquella época, el matrimonio era la única fuente de mejora para la mujer y el hombre. Aunque suene ridículo, esas conductas se observan todavía. No es raro encontrar grupos familiares, donde uno de los miembros del clan, soltero o soltera por elección, sea visto como un ser perdedor. Probablemente con el juicio equivocado por más de algún miembro, de que esa persona, definitivamente, tiene una falla. He tenido más de un caso conocido de amigos o amigas, que se sienten frustrados, al no llevar un novio o novia a casa, porque es lo que se espera de ellos. No todo el mundo está diseñado, para llevar la típica existencia de sacar un título, casarse, tener hijos y morir viejo. Si ese fuese el caso, las grandes obras maestras nunca hubiesen visto la luz, cuando sus creadores, lejos de dejarse llevar por el común denominador, optaron por vías alternativas para dar rienda suelta a sus aspiraciones.
Estoy de acuerdo en que el hombre es un animal social, y que por consiguiente busca estar en compañía de sus iguales, y semejantes. Incluso, que siente la necesidad de estar en pareja. Sin embargo, es risible, querer encasillar, a todos en lo mismo. Después de todo, es menester recordar que cada ser humano, es individual, y por lo tanto decide al final, como desea llevar su vida.
Es normal que los gustos sean dispares y diversos, eso es lo que permite que haya una multiplicidad que otorgue cierta amenidad, pues, haciendo alusión de nuevo a lo popular, en la variedad está el gusto.
El problema se plantea cuando por tus gustos o aficiones terminas encasillado, o estereotipado. Como por ejemplo, sucede dentro del mundo musical. No es raro encontrar que dentro de las preferencias hacia una música más reflexiva y profunda, te hagan pasar por “un tipo que se las da de gran cosa”. Si tu agrado musical por el contrario, se orienta más hacia los ritmos caribeños y tropicales, entonces entras en la categoría de “marginal”. Si al contrario, decantas hacia ritmos como el rock, en cualquiera de sus variantes, entonces eres un satánico, y estás en contra de la moral y las buenas costumbres.
Recuerden que la conducta de uno, no determina la dirección de todos. El que aprecies la música tropical no te hace un marginal, todo está en el gusto, en las preferencias. No necesariamente el “roquero” va vestido de negro, es un vago o un satánico, conozco muchos compañeros que como yo, aman el rock, y son profesionales en distintas áreas, algunos casados y hasta con hijos, y por añadidura profesan una fe a un Dios o religión. Obviamente que existen seres que encajan en el perfil negativo, pero estos son minorías. Y las minorías no determinan, léanlo bien, no determinan la realidad.
Las modas tampoco deberían ser determinantes, pero, son pocas las personas que mantienen un criterio propio, y aun así, escogen esa senda, eso puedo respetarlo. Acepto que sigas un camino por convicción propia, y no por imposición de una mayoría, esperando con el acatamiento de esto, encajar en algún lado.
A pesar de los avances significativos que se han desarrollado en la tecnología, pareciese que el hombre sufre una regresión en lo que al crecimiento o progreso dentro de lo humano se refiere. Condenamos, y levantamos juicios de valor, por el simple hecho de hacerlo. Se hace urgente, que sembremos una conciencia social, que permita que cada quien tome sus propias decisiones, para bien o para mal, y determine el modo en que quiere vivir, siempre y cuando, ese “vivir” no dañe a otros en el proceso.
Autor: Calíope
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Abril 15, 2008 en 12:19 am
Gotico = SATANICO Y PERVERTIDO
Es la enunciacion que he podido interpretar entre las agrias miradas de un monton, sobre la acera, de mentes viajando entre sus problemas y preocupaciones - quizas algunas en sus fantacias mas intimas y otras en nada- pero son estas miradas un doble reflejo:
Propiamente el rechazo
Propiamente el desahogo de una situacion que coasa lentamente…
Por la mente de la gente he querido viajar…
pero son sus ojos el refeljo de todo lo que en profundidad
no encontraria..
Gracias por existir…literatos
Att..
Elmer
Abril 16, 2008 en 1:12 am
Con lo que escribiste no me deja más que decir que amén. Yo critíco mucho eso, de primero discriminar a alguien por su posición social o por sus gustos, cada quien tiene derecho de hacer lo que quiera sin ser marginado siempre que no le haga daño al prójimo. Y segunto los estereotipos, que debo admitir que en algún momento he catalogado a alguien, pero por suerte termino conociendo a esa persona y el resultado es netamente diferente a lo que esperaba. Claro, todos los casos son únicos.