Reflexiones de cerveza y pizza
Esta vez me había jurado dejar mis blogs como escenario poético solamente. Pero es como medio difícil no compartir letras cuando bullen dentro de uno como las abejas de un panal.
Se me concentran luego las ideas y no me dejan dormir, ya lo he comprobado.
Hoy es viernes de cerveza y pizza. Lo usual. Una tanda de alegres borrachos, que bien juegan “Lineage2” o disertan el por qué están más solos que la una.
Vaya grupo que me gasto. Hoy me ha tocado oír de pistones, carburadores y piezas mecánicas.
Me he aburrido soberanamente al cabo de media hora de escucharlos de cuándo debe cambiarse el aceite (ando en otra onda, sino con mucho gusto me uno a la reflexiva charla).
El flaco dejo la pc sola, debería estar agradecida.
Primero a gmail, nada. Ni una piche postal de “¡Hola!, resulta que hoy me he acordado de vos”.
Mi MSN aparecía lleno de telarañas a esta hora (por Cristo, es viernes, de seguro la gente está haciendo algo más productivo que chatear, a menos que seas yo claro).
No importa, mejor así, a hacer lo que mejor se hacer: pensar y vomitar los pensamientos en Word.
Debería escribirle al bombón, cualquier tontería, pero ¿qué?. ¿Qué puedo decirle que ya no sepa o se haya dado cuenta?. Estoy loca, y no es pregunta, es afirmación. Al menos ya se percató de eso.
No sé quién es peor, si él con su mutismo y su manía de andar con un ábaco sistematizándolo todo, o yo con la incontinencia verborréica que me caracteriza y esa costumbre de ponerle sentimientos a la razón.
Vaya par, hechos en el cielo, o el purgatorio, depende como lo veas.
Como dijo el Stan, “¡qué relación tan excéntrica!”. Demonios que sí. Alocada, insufrible, insólita, extravagante, desquiciante y por demás absurda.
Pero que le vamos a hacer. Ese odioso, pragmático y cínico cerebrito me derritió los cables e hizo corto circuito.
Para mí es un sueño (pesadilla diría él de seguro) hecho realidad. Ojalá no me volviera tan ridículamente adolescente en su presencia.
¡Adiós objetividad!, la inteligencia se me evapora y me convierto en una balbuceante ameba de simplezas sin sentido. Y él, adorado santo, ¡cuánta paciencia!, mira que aguantarme, cuando ni mi madre me quiere cerca. Aquí entre nos la vieja ha estado tomando unas medidas muy extrañas a mi cuarto, hablando de colores y precios de habitación, me huele a desalojo seguro.
Estar enamorado es sin duda el estado emocional menos apetecible. No es que se te vuelen los tapones (en mi caso nunca tuve juicio, así que no tiene importancia), o que trastabilles con el lenguaje de Cervantes, no, se trata de sumirte en las más profundas neurosis.
Que te pongas a cortar margaritas para luego deshojarlas es una, andar moqueando en los rincones es otra, y como si no faltara más, te preguntas cuánto tiempo debes esperar para que te llame tu bombón, o lo que es peor, la indecisión de “lo llamo o no lo llamo”.
Al menos ese es mi caso. Ya he perdido la cuenta de cuantos “te quieros” he repetido a sus fotos, números telefónicos, correo electrónico y todo aquello que tenga algo de él.
Ay bombón, si supieras que no estás solo en este mar de incertidumbres y miedos. Yo ando igual. Si tú no terminas de creer lo que nos pasa, yo aún no entiendo por qué tenía que ser tan lejos, cosas más extrañas se ven a diario.
En estos días descubrí que tu perfume se quedó en la chaqueta que cargaba ese sábado, cada noche he dormido abrazada a ella y no te creas que estoy dramatizando.
Como me gustaría que te metieras dentro de mí un ratito y vieras como siento al pensar en ti. De todo lo que te quiero, y la tormenta que provocas en mi interior.
Debes tener (más, infinita, eterna) paciencia mi bombón, no estoy acostumbrada a esperar por nada. Y créeme que por ti, bueno, pongámoslo así, esperar por ti, bien vale la pena que se te arrugue el cuero y te vuelvas polvo en el suelo, con tal de que algún día me digas…”Epa tontita, te quiero mucho”.
Tenme aguante amor mío, estoy loca por ti, y se me hace muy duro tenerte tan lejos, que ni por un huequito te pueda ver.
Tengo que rasguñar al tiempo para que me deje estar algunas horas contigo, no son nada fácil de vencer estos grados de separación.
Yo estoy aquí, no voy a moverme (del sentimiento ¡mosca!) aunque te pongas cada vez más ácido y odioso, hazlo, yo me pongo una armadura y rayos X, para ver más allá de eso.
Eso sí mi cielo, no me dejes esperando mucho tiempo, esos abrazos y besos no fueron del todo suficientes, necesito llenarme más los poros de tu aroma, los labios de tu sabor y la piel de tu tacto.
Mira que si no sufriré de un caso de combustión espontánea.
Te amo loquito, te amo con locura y sin freno, como gandola en bajada, sólo…..no te tomes un siglo para decidirte a venir (o que yo vaya, cualquiera que te guste más) a deleitarme con tus genialidades y a dejarme llenar tu corazón de risa.
Atentamente,
Tonta sin remedio enamorada de un bombón.
Febrero 26, 2008 en 12:58 am
Dios eres tan terca que cuando se te mete una idea en la cabeza, y uno te suelta un martillazo, no la saca, apenas la mueve un poco.
Jajajajajajajajajajaja hasta que apareces de nuevo por estos lares…sí, lo sé, terca como una mula, pero a ti te encanta no lo niegues, que pasamos hoooooooooras en el teléfono, tú empeñado en que aprenda y yo empeñada en que ya lo sé todo….un beso esposo nominal…
P.D. Que matrimonio más malo, ni luna de miel hemos tenido jajajajajajaja.