Red Moon: Tales of The Hunter

Posteado en Tales of Warriors sobre Junio 6, 2009 por Calíope

Indómita y misteriosa, vibrante y ardorosa. Vistes de rojo, sangre y pasión la noche. Alzas tu espada bañada en carmesí a los cielos y clamas justicia a tus injurias. A destajo despojas la vida, recortas las ansias y haces vulnerables espíritus y alientos.

Eras pura, ahora sólo vives para clamar tu sed de venganza

Son tus ropajes la furia y la ira, no conoces el perdón o la misericordia. En tu piel la lujuria es escudo, y es tu sexo la hoja que destruye el deseo.

Fiera iracunda, trastocada, ardiente, deseosa, buscas redención a los pecados y ansías humanas, ángel o demonio, quizás ambos pugnan en ti por salir y conquistar.

Fantasmal sombra que caminas las noches, cazando almas viles caídas en desgracia. Mientes, embrujas, engañas y seduces, atraídos pobres mártires a tu red placentera, rendidos a tus pies esperan la violenta muerte entre tus labios.

Perviertes el alma pura, la haces baja y pecadora, arrastras contigo a justos y santos, arañas y marcas tu huella en la carne, destronas amores antiguos y muestras el cielo, antes de clavar tu espada en salvaje éxtasis desenfrenado.

Yacen los cuerpos cansados, de sonrisa  lasciva que curva tus labios mientras caminas victoriosa entre los restos de lo que has devorado.

Naturaleza iracunda, ¿quién juega con el amor o quien como tú engaña con lujuria y ardor?

Reflexiones XXII

Posteado en Reflexiones sobre Mayo 10, 2009 por Calíope

What has not been, hardly one day shall be…it’s time to make decisions.

Autor: Calíope

Todos los derechos reservados.

Nosce Te Ipsum: Conócete a ti mismo

Posteado en Ensayo, Reflexiones, Sentir Filosófico sobre Abril 14, 2009 por Calíope

…………………………………Porque el conocimiento es poder*.

El conocer y saber, la noción y sapiencia.

El conocimiento implica comprensión y lucidez del pensamiento al abarcar lo desconocido y darle significado, más aún sentido. Las preguntas hallan respuestas genuinas y donde había tinieblas se establece la luz.

Poseer conocimiento de la información es sin duda una ventaja. El economista que maneja las variantes del mercado y establece estadísticas de precios que suben y bajan, bien puede convertirse en un midas moderno, levantando emporios donde solo quedaban cenizas. El educador “illuminati” lleno de datos, hechos, cifras, pedagogía y andragogía al servicio de los lienzos que significan los aprendices puede hacerlo un constructor de mentes prodigiosas, de un sembrador de semillas ideológicas que se transformen en propuestas frescas a los tiempos modernos.

Sin embargo, ¿qué hay de la comprensión interna?, ¿lo que fuimos, somos o seremos?. El discernimiento de sí mismo implica una tarea ardua, más no imposible. Se trata de una confrontación hacia dentro, con el yo oculto que hace a cada ser humano único. Un análisis de lo propio que nos coteja, pone en juego a nuestra racionalidad con el “ser divino”, ese espacio que nos confiere la cualidad que nos separa de cualquier especie animal: “alma”. No sólo porque conocernos implica enfrentarnos a nuestras pasiones y miedos, sino a una comprensión de lo grandioso y a la vez ínfimo que puede resultar nuestro paso por el mundo. El ser humano en posesión de su auto conocimiento está en capacidad de alternar con otros, comprenderles y a su vez, descifrar la realidad que le circunda.

Blaise Pascal dice acertadamente: “¡Qué quimera el hombre! ¡Qué novedad, que monstruo, qué caos, qué contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas y gusano infecto, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y error, gloria y desecho del universo”. Es así pues que el hombre es en sí mismo una obra de arte con imperfecciones perfectas. Una paradoja que resulta muchas veces increíblemente inexplicable, y en otras una desilusión para muchos.

La Biblia cita en Génesis 1:26-27 que “…En el último día de la creación, Dios dijo, Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…”entendiéndose entonces que somos una extensión de un ser superior, quizás porque nos fue otorgado un hálito de racionalidad y ¿buen juicio?, y lo pongo de esa forma porque en algunas ocasiones parece que aquello que nos coloca en la cúspide de la cadena alimenticia, también nos sitúa en el escalafajón más bajo.

Entendemos claro el buen juicio, como la capacidad de obrar acertadamente, estableciendo la diferencia entre lo “correcto” y lo “incorrecto”, y es acá donde se enreda el papagayo por así decirlo, puesto que así como es de complejo el ser humano en toda su extensión, lo es establecer parámetros acerca de lo que es bueno o malo.

Evolucionado el hombre a lo que hoy conocemos, un ser racional de buen juicio (al menos en la teoría) quedan pendientes cuestiones acerca de cómo es entendida la ética, la moral, los valores, y todo aquello que una vez establecidos en sociedad civilizada nos puso un punto más arriba que los perros y las ranas. Olvidamos por ejemplo, que el libre albedrío, sí, eso que nos permite actuar a nuestra entera libertad, puede convertirse en una espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. Si bien es cierto que establecimos medidas para determinar lo que conviene y lo que no, para, asegurarnos una convivencia medianamente pacifica, es innegable el hecho que seguimos siendo tan retrógrados como al principio de los tiempos.

Desprovistos de una comprensión hacia nosotros mismos, ignorantes ante nuestra propia realidad como individuos, ¿cómo podemos siquiera pensar en la comprensión, el conocimiento y hasta la compasión a otros?. Somos esclavos de nuestro analfabetismo, mismo que está lleno de petulancia al creernos avanzados y evolucionados, sólo porque hemos pasado la frontera que suponía el infinito cielo, ¿qué hay entonces del horizonte del yo humano?, ¿del entendimiento del por qué actuamos como lo hacemos?.

Puedo citar innumerables ejemplos de la mezquindad del hombre: guerras, desproporción de las riquezas, el deterioro de nuestro planeta, la erradicación de especies animales y plantas. La avaricia y la petulancia nos hacen presa fácil de nuestras más bajas e instintivas pasiones. El ser humano es el único animal que se ataca a sí mismo y a sus semejantes con conocimiento de causa. Es increíble observar que mientras crecemos en conocimiento tecnológico, más achicamos nuestra humanidad.

Sin embargo, no todo está perdido, puesto que existen momentos de lucidez dentro de la raza humana. Momentos en los que el conocer afuera experimenta una comunión con el conocer interno, y nos acercamos a un plano más alto.

Es mi opinión creer que al ser humano aún le falta recorrer mucho camino dentro de la evolución, esperemos que en esa transición de cambio no destruyamos lo que nos queda de hogar (planeta Tierra) así como de sensibilidad humana.

*Francis Bacon


Autor: Calíope A.k.a Talía Boccardo.

¡He vuelto!

Posteado en Personales, Prosa sobre Abril 6, 2009 por Calíope

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No son nadie, no existen, los destierro. Espíritus decadentes, dejan en este instante de tener importancia, no seguiré escuchando vuestra pérfida palabra haciendo eco en mi mente.

No tienen poder, no controlan quien soy o lo que haré, no permitiré que me hagan más daño con su ponzoña criaturas rastreras.

¿Y qué si no soy de su agrado?, ¿y qué?, su voz es ínfima ante millones que se alzan aclamando mi arte. Estoy asqueada de ustedes, de su miserable existir empeñados en devastar los caminos de otros.

No escucharé vuestro lamento distorsionado embistiendo mi ser, los execro de mi mundo desde ya, vuelvan a su infierno y calcínense en su azufre, yo me alzo indómita en mis cenizas. Yo nací de un mundo desolado, he sobrevivido a desastres antes que ustedes llegaran, ¿creyeron vencer y agotarme? Ningún mortal ni ente perverso puede apagar mi flama perpetua.

Soy un oasis, un refugio y un edén, y ustedes miserables criaturas, demonios de ultratumba putrefacta y mezquina.

La vida es un ciclo que se repite, donde cada quien soporta el karma de repetidos fracasos, yo saldré indemne, renacida tras cada batalla, y el suyo será una expiración lenta y dolorosa, un repetir de cara al mundo lo felices que son, cuando por dentro os carcome la tragedia y el incierto.

La destreza no tiene edad, condición o pauta alguna, es un reflejo prístino del alma, la mía está intacta y se alza victoriosa, ¿y ustedes tienen algo que lucir de orgullo?. A los viles el tiempo deja en el olvido aunque griten y se desgarren la voz, los justos llenamos el vacío con susurros y nos hacemos inmortales que dejan huellan.

Soy hija del fuego, el fénix siempre renovado, he vuelto a la vida consumida en mi propio ardor, y ya no tienen el poder para vencerme.

¡He vuelto!

Deserción

Posteado en Personales, Prosa sobre Febrero 7, 2009 por Calíope

Estoy ausente.

Ida.

Apartada.

Retirada de todo, veo como transcurren los días, desde afuera, sin ser protagonista, tan solo espectador.

Y no importa.

Simplemente estoy…vacía.

Trato de escribir, quisiera hacerlo, pero las palabras se esfuman, desvanecen, las ideas se hacen inabordables y ante el papel me siento muda.

Estoy fuera de mí, y dudo que algún día regrese, al menos aquella que una vez fui…un alter ego.

Ahora solo queda un cascarón ocioso, la fuente que estuvo llena, hoy cultiva telarañas de recuerdos.

No hay vuelta atrás, la trovadora murió.

…Por un buen tiempo…

Posteado en Personales sobre Enero 8, 2009 por Calíope

No sé por cuánto, quizás mucho, quizás poco, dejaré de escribir.

No tengo fuerzas, ni ambiciones, ni deseo alguno. Esta vez no cerraré el blog, lo dejo abierto.

Que otros se beneficien de esto que acá plasmé, si es que tiene algún valor para alguien.

Yo me retiro.

P.D: Tú ganas, hasta en ésto lograste quebrar mi confianza.

Rompiendo cadenas

Posteado en Personales, Vicios sobre Diciembre 15, 2008 por Calíope

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Una de las cosas más difíciles que debo hacer, y que siempre postergo es ir dejar el pasado, despedirme de él y seguir adelante, sobre todo cuando el ayer se convierte en una figura humana con la que se sueña y se ilusiona la vida misma.

Al presente, me toca ceder, por convicción, por tristeza, por cansancio y hartazgo. No quiero seguir remolcando culpas, malos amores, pasiones equivocadas, desechos emocionales que me hacen tan difícil el camino que sigo, ¿de qué te sirve guardar recuerdos de alguien que no está ni estará nunca contigo?, ¿para qué conservar la memoria de alguien que no valora lo que le das?.

Es mejor decir adiós y seguir con la frente en alto. Al final, si no es para ti algo, para que insistir en ello.

A veces lo he hecho por terquedad y orgullo, soy mala perdiendo, y aunque he extrañado siempre, con el tiempo me doy cuenta que no es más que una quimera de mi mente, ganas de asirse a lo imposible, para no enfrentar la realidad, y sobre todo la cercanía.

Te tacho de mis listas, a ti y a los que te precedieron, te aparto de mi mente, y reniego de tu imagen, no vales la pena hoy ni mañana, al final, deseo tu felicidad, porque no me enseñaron de egoísmo como a ti.

Volveré a ser libre, dichosa, sin reparar en anda, hoy me mantengo serena, mis últimos meses han sido severos, pero lucrativos, empiezo mi nueva vida, con la cara fresca y limpia, y un baúl nuevo donde cosechar desconocidos sueños.

Date cuenta cariño, que el amor no sobrevive en una amistad, y que hoy, no me sirves para nada.

A ti, que eres pasado, te digo adiós.

P.D. Gracias tengo que darte Sir Fredd, por ser mi guía y soporte estos meses, por las madrugadas cosiendo y descosiendo los porvenires, y sobre todo por enseñarme a no perder la fe, cuando crees que todo está perdido, te quiero cariño.

Crónicas de calle

Posteado en Prosa con etiquetas sobre Diciembre 12, 2008 por Calíope

Trabajar tiene sus ventajas, sobre todo cuando eres “de la calle”. Cuando se es parte de ese porcentaje alto de gente que se ve caminando, en busetas, que se levantan más temprano que cualquiera. Estar de este lado, implica que se ve mucho más de lo que hay a simple vista, oyes cosas que normalmente no oyes, cuando eres el que está detrás de un mostrador, como cliente.

Hay oficios de oficios, y no todos están dispuestos a desempeñarlos, o se creen capaces de eso. Algunos incluso, se acostumbran a ellos, porque como se escucha decir: “Pana, tengo dos chamitos en casa, y el marido no me da rial, algo tengo qué hacer pa llevar comida a mi casa”. Y no eres quién para juzgar, y menos lanzar discursos morales, no todo el que hace lo que hace, lo hace por gusto, hay quienes no tienen otra salida.

Estás al tanto de realidades que puedes palpar, de las cuales conoces pero pocas veces te percatas, porque vives en una cómoda burbuja. Ser de la calle implica humanizarse mucho más y a veces, darle gracias a Dios por no estar en determinada situación.

El mejor lugar para ver y observar es la calle. Es allí donde reparas en el ciudadano de a pie, ese que mira un escaparate con avidez, más si son teléfonos celulares de última generación, casi siempre es a los jóvenes a quienes ves haciendo cuentas mentales, una quincena, a veces dos…tal vez tres meses y me llevo el celular, el engranaje del cerebro es perfecto, lo oyes trabajar a marcha forzada.

Una buseta, un carrito por puesto, una perrera, encierran a veces los sueños y anhelos de muchos. La cita es un semáforo en rojo, a la izquierda una Trial Blazer azul oscuro, a la derecha, una Tahoe de este año. La señora del puesto de adelante, mira sus dos mil bolívares y la camioneta, apreta con fuerza el billete y una resolución se lee en su rostro, ¿y por qué no?. Ves al viejito, el Don, que sostiene en sus manos un “perolito” de almuerzo, quizás preparado por él, ó, por las manos de una amorosa esposa. A los chamos del “liceo” contando los empates y desempates, o las historias de “somos tú y yo”, con ese acento inconfundible de serie de televisión y sifrino caraqueño: ¡O sea amigui!. Escuchas, sientes y te haces parte de la realidad que te rodea, todo aderezado con el vallenato, la salsa o el reggaeton del chofer.

Los centros comerciales no cobran vida cuando llegan los compradores, ¡no!, empieza mucho antes, con el trajinar a las siete de la mujer que barre las culpas, limpia los sueños y abrillanta las esperanzas. O el pana que limpia los vidrios hasta dejarlos como espejos, que otro ensuciará cuando apoye la mano, aún cuando el cartel anuncia en mayúscula: “no se apoye en el vidrio”.

Hay quien dice que trabajar en tiendas es de esclavos, y puede que tengan razón. El que trabaja en tienda, no es sólo quien te atiende y trata que consigas lo que buscas lo más rápido posible. El que trabaja en una tienda, el que vende, ese que ves a la puerta y va detrás de ti como mayordomo preguntando: ¿en qué puedo ayudarlo?, es el que cuenta y espera ambiciosamente una comisión, para comprar la muñeca, el carrito, el juego aquél que tanto anhela el hijo que espera por el niño Dios. Es la madre, la hija, la hermana que quiere hacer un detalle a su familia, llevando un regalo, y la mayoría de las veces la cena del 24 a la mesa.

Es aquél que arregla la percha que tú mismo has desordenado, “viendo nada más”, la misma percha que hace cinco minutos acababa de arreglar de nuevo. Como ejercicio, imagina que alguien entra a tu cuarto y desordena tu clóset, ¿cómo te sentirías?. Es el mismo principio.

Mientras tú compras, muchas veces sin mirar el precio, ese que te atiende sueña que se hagan las ocho, para cerrar, organizar, acomodar e irse a casa a poner los pies en alto, tal vez salir a tomarse algo, tempranero, que mañana hay que trabajar.

Hablar desde el otro lado es fácil, sumamente fácil. “Esa gente está así porque quiere. El que es pobre, es porque quiere, trabajo sobra”. “En vez de comprarse dos celulares, ¿por qué no compra comida?”, “Anda pa un rancho vale, antenas parabólicas, televisor plasma, lavadora, nevera…¡tienen más que uno!”. Son muchos y variados los comentarios, siempre juzgando, siempre criticando, ver los toros desde la barrera es muy seguro, difícil es sortearlos. El que lo tiene todo, o al menos, de forma más sencilla, casi siempre hace un comentario certero, donde se es juez y verdugo al mismo tiempo. Pocas veces se piensa, internaliza en realidad, que ese que tú llamas pueblo, quiere lo mismo que tú, y hasta a veces con mucha más fuerza. Nada es blanco o negro, y tampoco el mundo son las cuatro paredes que te rodean.

La condición de humano es inherente, pero “ser humano” es algo con lo que no se nace, la “conciencia social” no viene en libros, se despierta y nace en cada quien.

En la vía lo ves todo, desde el indigente, hasta el que anda en zapatos Gucci. En la calle se suman, se restan, multiplican y dividen los sueños y alegrías de la mayoría. En la travesía conoces, adquieres conciencia y aprendes el valor de las cosas. En el camino ves a la gente de verdad, verdad, a la mayoría, esa que trabaja mientras aún tú descansas.

La próxima vez que salgas a la calle, está atento, mira por dónde caminas, cobra conciencia, humanízate, ese que te atiende en cualquier sitio, vive distinto a ti, pero tiene los mismos derechos…y los mismos sueños que tú.